Carlos Fuentes

Una guía de lectura

Autor: Ramón Córdoba

«El lenguaje es un desacato sin tregua y en todos los órdenes, del más íntimo al más público. El lenguaje es libertad o no es, y para mí la libertad es mantener el margen de herejía, mantener el mínimo disentimiento para que nunca se cierren del todo las puertas de las aspiraciones concretas de los hombres concretos.»

Prólogo

La obra de Carlos Fuentes es un hito en la historia de la literatura mexicana. En 1954 la publicación de Los días enmascarados, su ópera prima, empezó a dejar claro no sólo que había surgido un narrador de primer orden, sino que para él eran primordiales el pasado, el presente y el futuro de México, como lo prueban el argumento de los cuentos que integran ese libro, las acciones de sus protagonistas y sus reflexiones sobre el destino nacional, pero ante todo su evidente búsqueda de las raíces profundas del país y cómo todo ello para el autor tiene un objetivo último: la indagación de las verdades universales, de la naturaleza humana, de las posibilidades del lenguaje. También empezó a quedar claro, y luego el boom de la literatura latinoamericana lo confirmaría, que era el momento de abordar la escritura de maneras distintas, sin sujetarse a los cánones, con una visión que fuera más allá de lo meramente local y de los territorios ya explorados.

«Soportaba por años un terrible peso familiar, social y religioso que se inclinaba hacia la burguesía; como contrapeso, hice el juego a un mundo que, a la postre, vendría a ser el mío. Tuve que optar. Y las opciones se sucedieron una a otra, en cadena. La etapa que recoge Los días enmascarados es el reflejo del querer mantener lo mejor de ambos mundos. A la larga esta situación se torna insostenible. Tienes que optar por el cielo o por el infierno. Opté por el infierno, que es mucho más divertido. Allí está toda la gente agradable.»

Más de sesenta años y casi el mismo número de libros después, cuando Aura es lectura venturosamente prescrita a los jóvenes que cursan la educación media —algunos de los cuales incluso se aventuran a buscar la sombría y ficticia casona de Donceles 815, CDMX, donde se desarrolla la trama—, los lectores de Fuentes sumamos legiones y estamos dispuestos a conceder a cualquiera de sus obras que desconozcamos la oportunidad de seducirnos, y a cualquiera de sus obras ya conocidas, la oportunidad de sorprendernos de nuevo. Esta guía mínima de lectura busca ofrecer, tanto a principiantes como a conocedores, datos sistemáticos, algunas novedades y, sobre todo, una gama de posibilidades para emprender —o proseguir— la aventura de leer a Fuentes.

Biografía

«Yo viví en una ciudad de México —en la segunda mitad de los cuarenta— mágica. Era una ciudad grande: lo sigue siendo, pero entonces se notaba mucho el tránsito de la ciudad provinciana, color de rosa; nadie la puede imaginar hoy; una ciudad color rosa, azul… Con hoteles particulares con mansardas tipo franceses. Una arquitectura muy de fin de siglo. La arquitectura colonial. Una ciudad quieta, fácil de transitar, fácil de caminar por ella, de conocerse, de tener lugares de reunión. Y se convirtió con la guerra, en una ciudad con pretensiones cosmopolitas, porque buena parte de la nobleza europea fue a exiliarse a México […]; al mismo tiempo coexistía con todo un mundo mágico, extraño, escondido, de magos, de extraños prostíbulos plateados, pintados de plata. Se coexistía con prostitutas, con mariachis, con nobles, con millonarios mexicanos de reciente factura. Era una ciudad muy atractiva, pero que no conducía mucho a la disciplina.»

Dadas las implicaciones viajeras de la carrera diplomática de su padre, don Rafael, a Carlos Fuentes Macías le tocó nacer el 11 de noviembre de 1928 en la ciudad de Panamá y pasar su infancia en Washington, Estados Unidos, en Santiago de Chile, en Buenos Aires, Argentina, en Quito, Ecuador, pero nunca perdió el vínculo con México, donde pasaba las vacaciones de verano y donde finalmente llegó a vivir a los 16 años para estudiar la preparatoria. En Santiago de Chile, donde comenzó a ensayar sus primeras narraciones literarias, fue compañero, entre otros, de José Donoso.

En México, por consejo de Alfonso Reyes, estudió la carrera de Derecho en la UNAM, donde fue alumno de Mario de la Cueva y de Manuel Pedroso, así como compañero de José Campillo Sainz, Porfirio Muñoz Ledo, Mario Moya Palencia, Enrique González Pedrero y Javier Wimer; con algunos de ellos fundó la revista Medio Siglo, que dio nombre a una amplia y brillante generación literaria; por entonces participó en un concurso de cuento donde, con seudónimos diferentes, obtuvo los tres primeros premios. Trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores, donde inició su amistad con Octavio Paz.

Publicó su primer libro en 1954, el conjunto de cuentos titulado Los días enmascarados, en la colección Los Presentes, que dirigía y patrocinaba Juan José Arreola (en ella también publicó Julio Cortázar, además de un buen número de escritores destacados de la segunda mitad del siglo XX). 

En 1958, el lanzamiento de La región más transparente lo puso en las páginas más importantes del periodismo cultural, lo que reafirmó con sus siguientes novelas: Las buenas conciencias, La muerte de Artemio Cruz, Aura, y los relatos de Cantar de ciegos. Al mismo tiempo escribió guiones para el cine, entre otros los de Tiempo de morir y El gallo de oro, al alimón con Gabriel García Márquez, además del de Pedro Páramo. Estaba casado con la actriz Rita Macedo, quien llevó a cabo su actuación más destacada en Nazarín, dirigida por Luis Buñuel, con quien Fuentes mantuvo una amistad fructífera para ambos. No terminó allí su relación con el cine: sus obras “Muñeca reina”, “Las dos Elenas”, “Un alma pura” y Gringo viejo fueron argumentos de cintas destacadas; también fueron llevados a la pantalla otros guiones suyos (Aquellos años, ¿No oyes ladrar los perros?, Los caifanes y Las cautivas). Incursionó en el teatro con Todos los gatos son pardos, El tuerto es rey y Orquídeas a la luz de la luna. En los años setenta se casó con la destacada periodista Silvia Lemus, con quien vivió hasta el final de sus días. Tuvieron dos hijos: Carlos y Natasha. Con Rita Macedo tuvo una hija: Cecilia.

Durante un breve lapso fue embajador de México en Francia, nombrado por el presidente Luis Echeverría, cargo al que renunció cuando José López Portillo nombró embajador en España al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, pues la designación le pareció ofensiva, tanto para los españoles como para los mexicanos. Cabe recordar que uno de los ensayos más significativos de Carlos Fuentes, Los 68, es a la vez análisis y homenaje a los movimientos estudiantiles que en ese año cimbraron a Checoslovaquia, Francia y México.

Dio una cantidad impresionante de conferencias magistrales en las tribunas más destacadas de diversos países, e impartió cátedra en universidades prestigiosas como Harvard, Princeton, Columbia y Cambridge. Su nombre es también el de muchas cátedras, por ejemplo en la Universidad de Nuevo León y en la Universidad Veracruzana. Su carisma contribuyó a su popularidad, que también le trajo innumerables controversias, sobre todo por sus opiniones políticas; una de las polémicas en las que se vio envuelto, aunque no participó, fue por motivo de su novela Aura, uno de los libros de mayor venta en la historia de la industria editorial mexicana, cuando un alto funcionario del gobierno de Vicente Fox, Rafael Abascal (hijo del sinarquista Salvador Abascal), protestó porque era libro de texto en la escuela donde estudiaba su hija, tachando al libro de inmoral.

Falleció el 15 de mayo de 2012, cuando dos de sus libros, Personas y Federico en su balcón, estaban por entrar a prensa.

Fragmento de Pedro Páramo

Fragmento de Tiempo de morir

Fragmento de El gallo de oro

«Los críticos me han triturado. Me encanta desayunar críticos. En México, durante treinta años no me han faltado; me los he comido como si fueran pollos y he tirado los huesos. Ellos no han sobrevivido, yo sí.»

Premios

Entre los numerosos premios que recibió, destacan los siguientes:

  • Premio Biblioteca Breve 1967 por Cambio de piel
  • Premio Xavier Villaurrutia y Premio Rómulo Gallegos por Terra Nostra
  • Premio Internacional Alfonso Reyes, 1979
  • Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, 1984
  • Premio Cervantes, 1987
  • Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, 1988
  • Premio del Instituto Italo-Americano 1989 por Gringo viejo
  • Medalla Rectoral de la Universidad de Chile, 1991
  • Orden al Mérito de Chile en grado de Comendador, 1993
  • Premio Príncipe de Asturias, 1994
  • Premio Internacional Grizane Cavour, 1994
  • Premio Picasso, otorgado por la UNESCO, Francia, 1994
  • Premio de la Latinidad otorgado por las Academias Brasileña y Francesa de la Lengua,  2000
  • Legión de Honor del Gobierno Francés, 2003
  • Premio Roger Caillois, 2003
  • Premio Real Academia Española 2004 por En esto creo
  • Premio Galileo 2000, Italia, 2005
  • Premio Internacional Don Quijote de la Mancha, 2008
  • Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, 2009
  • Gran Medalla de Vermeil, 2010
  • Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras, 2011
  • Premio Formentor de las Letras, 2011

Obras

«En realidad he escrito un solo libro, no varios libros. Lo que no puedo decir a través de una novela lo digo a través de un ensayo o un reportaje o de una obra de teatro o un cuento, pero siempre he considerado que mis libros están dialogando entre sí, complementándose los unos a los otros y que no hay diferencia de libro a libro, en el sentido de que cada uno continúa, proyecta, anticipa, retrasa, recoge o fecunda a los demás.»

Carlos Fuentes es narrador, principalmente, pero hay en su bibliografía títulos muy destacados en otros géneros.

Los días enmascarados (1954), Cantar de ciegos (1964), Agua quemada (1981), Constancia y otras novelas para vírgenes (1990), El naranjo o los círculos del tiempo (1993), Inquieta compañía (2004), Todas las familias felices (2006), Carolina Grau (2010).

Hay que hacer notar, sin embargo, que, como en el caso de La frontera de cristal, cuyo subtítulo es Novela en nueve cuentos, varios de estos libros pueden leerse como novelas hechas a base de relatos conectados entre sí.

La región más transparente (1958), Las buenas conciencias (1959), Aura (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962), Zona sagrada (1967), Cambio de piel (1967), Cumpleaños (1969), Terra Nostra (1975), La cabeza de la hidra (1978), Una familia lejana (1980), Gringo viejo (1985), Cristóbal Nonato (1987), La campaña (1990), Diana o la cazadora solitaria (1994), La frontera de cristal (1995), Los años con Laura Díaz (1999), Instinto de Inez (2001), La Silla del Águila (2003), La voluntad y la fortuna (2008), Adán en edén (2009) y Federico en su balcón (2012).

Todos los gatos son pardos (1970), El tuerto es rey (1970), Orquídeas a la luz de la luna (1982), Ceremonias del alba (1991), reescritura de Todos los gatos son pardos.

La nueva novela hispanoamericana (1969), El mundo de José Luis Cuevas (1969), Casa con dos puertas (1971), Cervantes o la crítica de la lectura (1976), Valiente mundo nuevo (1991), Geografía de la novela (1993), La gran novela latinoamericana (2011), Personas (2012).

Tiempo mexicano (1971), El espejo enterrado (1992), Tres discursos para dos aldeas (1993), Nuevo tiempo mexicano (1994), Por un progreso incluyente (1997), Contra Bush (2004), Los 68 (2005).

Perspectivas mexicanas desde París (diálogos con James Fortson) (1973), Retratos en el tiempo (con fotografías de Carlos Fuentes Lemus) (1998), Los territorios del tiempo (reunión de entrevistas) (1999), El siglo que despierta (con Ricardo Lagos) (2004).

También publicó la antología de relatos y fragmentos de novelas titulada Cuerpos y ofrendas (1973), así como dos compilaciones de relatos, ambas en Alfaguara, 2007: Cuentos naturales y Cuentos sobrenaturales; esta última incluye los relatos inéditos “El robot sacramentado”, “Un fantasma tropical” y “Pantera en jazz”. De manera póstuma aparecieron sus Cuentos completos en 2013.

La edad del tiempo

«Como dice el dicho, o todos hijos o todos entenados. Yo siempre he visto cada una de mis novelas como parte inseparable de un conjunto. Ese conjunto se titula La edad del tiempo

Al margen de que también fue dramaturgo y ensayista, Carlos Fuentes concibió la suma de su obra narrativa como una sola entidad dividida en secciones y partes; como una entidad presente y mutante, que podría leerse como si fuera un solo gran libro, con capítulos diferenciados. Para tal “ser vivo” ideó en 1985 el nombre de “La edad del tiempo”; su croquis se publicó por primera vez acompañando a su novela Gringo viejo. Tenía, pues, un plan general e intenciones de cumplirlo, pero no se ataba a él porque el mundo, como siempre supo, suele tener sus propios planes, y consecuentemente el croquis fue mutando. He aquí su última versión, publicada en la segunda solapa de Federico en su balcón:

I. El mal del tiempo
Aura
Cumpleaños
Una familia lejana
II. Tiempo de fundaciones
Terra Nostra
El naranjo
III. El tiempo romántico
La campaña
La novia muerta
El baile del Centenario
IV. El tiempo revolucionario
Gringo viejo
Emiliano en Chinameca
V. La región más transparente
VI. La muerte de Artemio Cruz
VII. Los años con Laura Díaz
VIII. La voluntad y la fortuna
IX. Dos educaciones
Las buenas conciencias
Zona sagrada
X. Los días enmascarados
Los días enmascarados
Constancia y otras novelas para vírgenes
Instinto de Inez
Carolina Grau
XI. Fronteras del tiempo
Cantar de ciegos
La frontera de cristal
Todas las familias felices
XII. El tiempo político
La cabeza de la hidra
La Silla del Águila
El camino de Texas
XIII. Cambio de piel
XIV. Cristóbal Nonato
XV. Crónicas de nuestro tiempo
Diana o la cazadora solitaria
Aquiles o el guerrillero y el asesino
Prometeo o el precio de la libertad

Novelas representativas

Aunque las obras narrativas de Fuentes están ligadas entre sí, y él aspiraba a que se leyeran como La comedia humana, de Balzac, en donde personajes principales de una obra aparecen con un papel menor en otra y reaparecen con una función secundaria pero importante en otra historia, algunos de sus libros han tenido mayor resonancia entre la crítica y mayor aceptación de los lectores.

La región más transparente

Su primera novela, que ha sido comparada a un mural como los de Diego Rivera y que retrata el México que, a mediados del siglo XX, aspiraba a ser tan moderno como las naciones más civilizadas; una sociedad que vivió la Revolución y la transformó en gobierno institucional; personajes que se salvaron del fusilamiento, que se pasaron a tiempo de una facción a otra, y que en el centro narrativo de la novela están en la cumbre del poder, con una riqueza que se les va de las manos antes de que se den cuenta; personajes que viven a la moda (los primeros bikinis, Acapulco como el paraíso vacacional; los primeros chachachás junto a los últimos mambos); el México de noche, disfrutable con la misma euforia por los potentados y por los desheredados, que de pronto se aparecen a burlarse de aquéllos; el relajo irrefrenable con que éstos los ridiculizan y también, en un momento sorpresivo, por una mirada equívoca, les quitan la vida; las mujeres que se disfrazan de lujo y critican a sus semejantes de manera brutal; los negocios que fallan, los ascensos y descensos en la escala socioeconómica; en las páginas de esta novela, que se puede leer a grandes rasgos, pero también como un cuadro de caballete con los detalles finos que muestran lo que se nos escapa del mural, se advierten los caracteres que, por la misma época, define Octavio Paz en su ensayo El laberinto de la soledad.

Esta novela desató cambios en el panorama de la literatura mexicana: de ella acusaron influencia autores tan importantes como José Emilio Pacheco, José Agustín y Gustavo Sainz, y a la vez es heredera de los logros de Mariano Azuela, Agustín Yáñez y Martín Luis Guzmán. En ella se perciben ecos de los clásicos favoritos de Fuentes, como Dickens, Balzac y Victor Hugo, así como su capacidad para leer en profundidad la poesía, y verterla en sus páginas (con ecos de José Gorostiza, Salvador Novo, Octavio Paz); es, como sus antecesoras, una obra maestra de la utilización del lenguaje popular, y por primera vez asimila la música popular (boleros, mambos, corridos), lo que le da un ritmo único a su prosa.

A partir de su aparición, la literatura hispanoamericana no volvió a ser la misma.

«Mi primer libro, Los días enmascarados, fue condenado: era una fantasía: no era realista. Era cosmopolita: daba la espalda a la nación. Era irresponsable: no asumía un compromiso político o, más bien dicho, se burlaba de los dos bandos de la guerra fría y sus respectivas ideologías. Crimen: no se adhería, sin reservas, a unos y otros […]. Pero mi segundo libro, La región más transparente, fue acusado de exactamente lo contrario: era demasiado realista, crudo, violento. Hablaba de la nación, pero sólo para denigrarla. Y su compromiso político, revisionista y crítico, era contraproducente, por no decir contrarrevolucionario, pues al criticar a la Revolución Mexicana —escribió un político de izquierda latinoamericano que más tarde fue mi amigo— le daba yo armas a los yanquis y desanimaba el fervor revolucionario en el continente.»

La muerte de Artemio Cruz

En su lecho de muerte, el ex revolucionario, el potentado, el empresario Artemio Cruz, hace un relato pormenorizado de su vida, sus logros, sus amores perdidos, sus conquistas, a veces violentas, a veces por seducción; es también una crítica al gobierno que, para entonces, ya se había olvidado de las promesas revolucionarias; jóvenes oportunistas, muchachas seducibles, listos para aprovechar la oportunidad y continuar su linaje como todopoderosos. Se trata de una de las novelas más intensas que se han escrito en México; con una pluma menos violenta pero no menos rítmica que su antecesora, es uno de los retratos más crueles en nuestra narrativa, porque refleja el fracaso de quien todos piensan que es un triunfador. La búsqueda lingüística es aún más atrevida, y ensaya la incursión del ensayo como parte de la narración; en muchos sentidos, es una novela paralela de la poesía anterior de Octavio Paz (Libertad bajo palabra) y precursora de la que estaba por publicar (Salamandra).

«Nunca vi a Artemio Cruz como un villano. Cuando se habla de traición a la Revolución, y se ha hablado con mucha frecuencia de ello, yo me encrespo mucho. Ésa no ha sido mi intención, todo lo contrario. Artemio Cruz demuestra que la historia se transforma, que es proteica. Son las ideologías las que no se mueven.»

Cambio de piel

Con esta novela, Fuentes se puso a la vanguardia de la literatura hispanoamericana, a la altura de Rayuela e impulsora de novelas como Cien años de soledad, Tres tristes tigres, La traición de Rita Hayworth y La reivindicación del conde don Julián, constituye un verdadero cambio respecto a sus obras anteriores. Cuatro personajes, que se identifican y se rechazan, emprenden un viaje para reencontrarse con el pasado prehispánico; las dos parejas se fusionan, se entrelazan, se separan, todo narrado por un quinto personaje que a veces se confunde con cualquiera de los otros cuatro. Novela en que se trastocan los tiempos, se sufren, no tan en la imaginación como en el recuerdo, la violencia nazi con la violencia azteca, y choca con un grupo en que sus integrantes se ocultan por el anonimato de la muchedumbre. Pero también es una de las más audaces búsquedas del lenguaje; llena de calambur, al mismo tiempo soez y sensual, contiene varias de las escenas eróticas más plenas de nuestra literatura. Otra característica: una incursión al mundo detrás de los espejos, una inmersión al territorio de los no muertos, una alabanza de los monstruos que nos ganan en todo; es una de las novelas que abarca ambos aspectos de la obra de Fuentes, el mundo real y el irreal. A partir de Cambio de piel Fuentes se pone a la par de los novelistas más experimentales de la época, como Norman Mailer, Günter Grass, Edoardo Sanguinetti y los integrantes del primer círculo del boom. Una obra para lectores de hueso colorado (o de pata negra, dirían en otras latitudes).

«Seguimos alimentándonos del último gran hecho espiritual de Occidente: el romanticismo. Cambio de piel es una novela sobre inminencias románticas: el mundo definido por la percepción individual es aberrante y puede conducir a la poesía o al crimen: a Javier o a Franz, que son dos rostros del mismo sueño.»

Terra Nostra

Es una de las grandes novelas del siglo XX. A raíz de la lectura del Quijote, Fuentes ve la aproximación de dos mundos contrarios, enfrentados, tratando de lograr una simbiosis, al parecer imposible; no es, sin embargo, una visión mediante actos históricos; por el contrario, la ve desde la disidencia, desde la óptica de la locura como una de las posibilidades de la realidad, y desde sus muchas variantes: como oposición a la historia, el arte; la vida vista con los ojos de Erasmo, Cervantes, el Bosco, Tomás Moro, y al mismo tiempo, por los personajes de la nueva novela hispanoamericana. Una de las novelas más cerradas, herméticas, con muchos guiños para los lectores del Quijote y de Hamlet, pero no los de las historias conocidas de estas obras, sino de las novelas ocultas, del teatro dentro del teatro. Todo un reto, del que Fuentes estaba muy consciente que exigiría atentos lectores. Carlos Monsiváis llegó a decir que para leerla se necesitaba una beca. La primera mitad es áspera, dura como pocas; toda una ascensión al monte Carmelo; la segunda parte es luminosa y grata: una salida de la noche oscura del alma y hacia la luz.

«Terra Nostra implica captar todo el universo, que es todo mi pasado. Mi pasado cultural intenta volverse presente en esta novela. Valoro el pasado, o temo o poseo o deseo poseer el pasado, dado que me siento despojado. En ese sentido, es una novela muy personal y, a ratos, muy idiosincrática.»

Con esa misma óptica emprende una de las obras más herméticas, pero muy atractiva para el lector en general: El naranjo, en que revisa sucesos importantes de los últimos 500 años, desde la rebelión, la seducción, el erotismo, el humor, las dificultades domésticas; una novela hecha mediante relatos aparentemente desconectados, pero con una liga interna; es un libro de lectura placentera, y a la vez un reto importante que no distrae pero produce inquietudes.

En La Silla del Águila Fuentes emprende uno de sus experimentos más interesantes: hacer una novela siguiendo los consejos de Maquiavelo a los gobernantes; se trata de una fábula inspirada también por la visión apocalíptica de Umberto Eco: ¿Qué pasaría con la política mexicana si un día el país pierde, así sea por unos cuantos días, los adelantos tecnológicos y debe depender otra vez de los medios de comunicación tradicionales, si los rumores se hacen realidad, si la comunicación es de boca a boca, los políticos sólo dependen de su propia habilidad y no es sensato depender de otros? Los retratos de los protagonistas son muy identificables y muy divertidos; un aspecto siniestro: esa ficción puede convertirse en realidad. Los personajes femeninos son espléndidos.

La voluntad y la fortuna es otra novela con trasfondo de filosofía: Hegel y Schopenhauer presiden esta obra, que ocurre entre la violencia que se desató en la República Mexicana a raíz de la proliferación de los cárteles de la droga, pero también por la intolerancia y la corrupción política; obra otra vez llena de claves que la hacen muy entretenida, y a la vez muy inquietante en diversos planos; no muy oculta, pero no muy evidente, es la presencia de otra filosofía, la de Karl Marx; no es una obra de pronósticos, sino de radiografías; a más de la voluntad de representación, está la visión de la muerte y de la presencia femenina, que modifica la voluntad de los hombres. Muy disfrutable, más aún si se toma en cuenta desde el principio que esos tres filósofos aconsejan a Fuentes por dónde debe ir el destino de los protagonistas. Y tristemente profética de la realidad que acogotaría a México poco más tarde: la narración corre a cargo de la cabeza cortada de un hombre.

Pero hay otro aspecto de la obra de Fuentes, el nacido de la oscuridad, de ultratumba, en donde el amor tiene la capacidad de voltear la realidad de cabeza; el erotismo no radica en la entrega sino en la seducción: Drácula es uno de los mayores seductores de la historia; el único inconveniente de los monstruos es que buscan la sangre que los humanos creemos no necesitar. Fuentes, y el lector, prefieren a Mr. Hyde antes que al Dr. Jeckyll, porque no oculta su verdadera identidad, porque no se horroriza ante el horror que acomete con placer cuando el mal se apodera de él.

De allí nacen textos como “Chac-Mool”, “Tlactocatzine del Jardín de Flandes” (ambos, de Los días enmascarados), Aura (pequeña joya que es probablemente su obra más leída), “Muñeca reina” y “A la víbora de la mar” (de Cantar de ciegos). También algunos de los textos de El naranjo y las páginas más intensas de Cambio de piel, no la anécdota pero sí el espíritu de Terra Nostra, de El instinto de Inez, de Diana o la cazadora solitaria. ¿Qué nos hace iguales a los monstruos? En la entrega amorosa no hay más límites que la moralidad, lo cual impide el gozo, o se disfraza con el intento de la procreación; las autoridades nos vigilan, la sociedad nos amenaza, se ama con remordimientos; el hombre libre, en cambio, usurpa el poder aunque sea por unos minutos o por unas horas, viola las normas, evade a los vigilantes, aprovecha cualquier resquicio para un encuentro que, en unos cuantos minutos, vuelca al mundo y lo pone de cabeza; en estos relatos y novelas aparece la condición de la mujer que no acepta las reglas sociales, las que esconden su verdadera naturaleza, las sacerdotisas que invocan a las deidades de la oscuridad para someter al hombre e imponer su sexualidad; son las verdaderas portadoras de la libertad; los amores prohibidos son más atractivos que los legalizados.

Una de las esculturas de Chac Mool que se han encontrado en Chichén Itzá.

«“Chac Mool” surgió, como numerosas obras literarias, de la lectura de una gacetilla de periódico. Una exposición de arte mexicano visitó Europa en 1952. En ella figuraba el Chac Mool, dios de la lluvia. Éste, a su paso, produjo tempestades y cataclismos. La gente le ponía centavos en la barriga, e inmediatamente se desataba una tormenta espantosa.»

En sus ensayos literarios Carlos Fuentes no busca la justificación teórica de su obra narrativa; en ellos explica el mundo, rinde homenaje a otros autores, del pasado remoto, del pasado inmediato, a sus contemporáneos, a sus sucesores; desmenuza sus lecturas, las vincula con la realidad, explica el mundo a través de sus escritores favoritos; lector múltiple, voraz, nos hace ver la actualidad de los clásicos, abre las puertas y da las claves para disfrutar a Erasmo, a Cervantes, a Shakespeare, a Jane Austen, Herman Melville, García Márquez, Cortázar, Juan Goytisolo, William Faulkner; devela la belleza de la poesía, nos enfrenta con la realidad literaria, que tiene más peso que la social. Y más: su ideario En esto creo es digno de lectura y accesible a cualquier lector con ganas de saber.

En sus ensayos políticos e históricos, con una vitalidad poco frecuente en nuestra cultura, explora en el pasado para advertirnos qué puede pasar con nuestro futuro, hace suya la historia del mundo y la adapta a la mexicana; estudia a los gobernantes más significativos, y muestra su entusiasmo por algunos de los políticos que arriesgaron todo por el bien del país. Uno de los mayores admiradores de Lázaro Cárdenas, a lo largo de varios escritos exhorta al lector a conocer la obra del ex presidente para exigirle la misma entrega, el mismo patriotismo, a los nuevos políticos. Y con ese mismo entusiasmo, nos hace ver las cualidades de otros escritores, periodistas, funcionarios, actores, directores, dramaturgos.

«El espejo enterrado fue un poco respuesta a Kenneth Clark, el historiador del arte británico, que había realizado una serie de emisiones de televisión muy conocidas, que se llamaba Civilización, y en la que, extrañamente, no se hablaba de España ni de la América hispana. Cuando se le preguntó al respecto, respondió que ¡ni España ni la América hispana habían contribuido a la civilización!»

Clases de lectores

Carlos Fuentes despierta pasiones entre los lectores. Para unos, las obras más atractivas son sus primeros libros, en donde pone la acción en el pasado, a veces desde la época prehispánica y la Conquista, atraviesa el virreinato, hace énfasis en el siglo XIX, se detiene en la Revolución, incursiona en el presente y a veces avanza hacia el futuro; se sumerge en el lenguaje popular, se burla del habla burocrática, da un paseo por toda la ciudad de México, visita otras a las que encuentra parecido con ella y nos quita la máscara bajo la que nos escondemos. La violencia, nos advierte, está a la vuelta de la esquina.

Aquí están La región más transparente, Las buenas conciencias, La muerte de Artemio Cruz, Todos los gatos son pardos, La cabeza de la Hidra, La campaña, El naranjo, Los años con Laura Díaz, La frontera de cristal, La Silla del Águila, La voluntad y la fortuna, Adán en Edén.

Otra parte de su narrativa tiene lugar en el mundo de la imaginación, aunque entreverada con sucesos reales; el erotismo se mezcla con la brujería, con el mundo de los no-vivos y que tampoco están muertos; la irrealidad aparece bruscamente en la mirada torva en una cantina, el machismo esconde la homosexualidad latente, el pasado cobra venganza del presente, y el terror se apodera de nuestros recuerdos.

Son emblemáticas: Los días enmascarados, Cantar de ciegos, Aura, Agua quemada, Gringo viejo, Cristóbal Nonato, Constanza y otras novelas para vírgenes, Diana o la cazadora solitaria, Inquieta compañía, Todas las familias felices, Carolina Grau.

«La literatura fantástica nace de la convicción de que los monstruos nos ganaron la partida renunciando, mientras nosotros seguimos aferrados a esta envoltura mortal. Ellos optaron por ser inmortales y ahora también nos van a dar jaque renunciando a la inmortalidad y yéndose al otro paraje que está más allá de la mortalidad y la inmortalidad; a la realidad paralela que todavía no sospechamos, aunque James Purdy, coronado de acantos, ya haya dicho: “Las siluetas lo dicen todo”. ¿Quién tiene derecho de escabecharse a la Medusa, que era la única posibilidad de permanecer helado en vez de andar a salto de mata con un sistema nervioso viejo e inservible? Antes de los héroes, los monstruos eran parte del orden aceptado de un mundo proliferante e inclusivo. Y entonces uno se pregunta: ¿a qué monstruos mataron, antes de antes, para llegar a ser héroes, la Medusa y el Cíclope? De allí nacieron varios textos míos: “Chac Mool” y “Por boca de los dioses” en Los días enmascarados, Aura y “La muñeca reina”.»

Y está el Fuentes enigmático, que exige de sus lectores un esfuerzo paralelo al suyo, necesita de la crítica inteligente, conocedor de la historia, de la política, capaz de distinguir la gran literatura, que encuentre las claves secretas, pero no escondidas, de su obra, que sepa avanzar junto con el autor y pueda disfrutar de las obras más arriesgadas y experimentales.

Representativas: Zona sagrada, Cambio de piel, El tuerto es rey, Cumpleaños, Terra Nostra, Una familia lejana, Orquídeas a la luz de la luna.

La cuestión de los gustos literarios

La extensa obra de Carlos Fuentes ofrece narrativas que apreciarán quienes disfrutan de la experimentación, tanto en la estructura como en el lenguaje, pero también tramas poderosas, personajes inolvidables y lectura sencilla.

La intriga política predomina en los argumentos de La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, La cabeza de la hidra, Gringo viejo, La campaña, La voluntad y la fortuna, Adán en Edén, La Silla del Águila.

Para quienes busquen obras de imaginación y de lo sobrenatural, están los relatos de Los días enmascarados, Cantar de ciegos, Inquieta compañía, Todas las familias felices, Cuentos sobrenaturales y las novelas Aura, Zona sagrada, Cambio de piel, Terra Nostra, Cumpleaños, Constanza y otras novelas para vírgenes, Una familia lejana, Cristóbal Nonato, Carolina Grau, así como las obras de teatro El tuerto es rey y Orquídeas a la luz de la luna.

Tráiler de Ugetsu Monogatari

«Cortázar me había dicho: “No dejes de ir al cine del barrio para ver Ugetsu Monogatari”. Es decir, Los cuentos de la luna vaga después de la lluvia, de Kenji Mizoguchi, una película japonesa. La película me impresionó enormemente y me llevó a la lectura de Akinari, que fue el autor en el siglo XVIII del cuento en que se basó Mizoguchi, pero que a la vez derivaba de otros cuentos chinos tradicionales […]. En China no hay propiamente géneros sino grandes temas; el de la mujer que recobra su juventud, que es el tema de Aura. El tema de la reunión de los amantes separados, que es también un tema de Aura. Todos estos temas que están en la literatura china, que entran en la japonesa y que entran en la literatura occidental […]; la condesa de Pushkin, la señorita Havisham de Dickens, en la mujer de Los papeles de Aspern de Henry James. Fueron cosas que tuve presentes cuando escribí Aura, pero sobre todo tuve presentes las más viejas tradiciones japonesas y chinas. Y más allá de eso, tuve presente la gran fuente de la metamorfosis de la mujer en la cultura occidental, que es el personaje homérico: Circe, una mujer capaz de transformar, porque es capaz de transformarse.»

En La Silla del Águila, Cristóbal Nonato, La frontera de cristal e Inquieta compañía hay un profundo sentido del humor que provoca, a ratos, muchas carcajadas, pero que lleva a la reflexión sobre la realidad política y social en que viven el país y los hombres, como individuos y como entes sociales.

Hay erotismo, y a veces escenas de sexo súbito, en La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cantar de ciegos, Zona sagrada, Cambio de piel, Constanza y otras novelas para vírgenes, Una familia lejana, Carolina Grau, La Silla del Águila.

Uno de sus experimentos más curiosos consistió en la trama de novela policial con tinte político, al estilo de Graham Greene: lo realizó en La cabeza de la hidra, pero hay momentos similares en Gringo viejo, Inquieta compañía, Carolina Grau, La voluntad y la fortuna.

Y los lectores que busquen la innovación y la experimentación pueden encontrarlas en La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, Cumpleaños, Terra Nostra, La voluntad y la fortuna y Federico en su balcón.

Temas

Si se pudiera resaltar un tema predominante en la narrativa de Carlos Fuentes deberíamos seleccionar México y la mexicanidad, y lo mexicano en contraposición a lo universal, expresado en diversas vertientes.

«Creo que fui muy consciente desde los inicios de mi carrera de que era ridículo hablar de literatura mexicana o literatura peruana o literatura chilena, y de que si tendremos algún sentido, una universalidad, sería dentro del amplio espectro de este idioma andrajoso y mendicante que llamamos español.»

Un incidente, una mirada equívoca, un juego de palabras mal interpretado, la exaltación que da el anonimato de un grupo en un sitio específico, puede desembocar en riñas, retos y, a veces, en el asesinato. Esa misma actitud se dio en el pasado, se da en el presente y compromete el futuro. (La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, Zona sagrada, Cantar de ciegos, Gringo viejo, La voluntad y la fortuna, Inquieta compañía, Todas las familias felices, Carolina Grau, El naranjo, La campaña, Los años con Laura Díaz.)

Antes de que nos demos cuenta, somos presas del deseo; no siempre se controla o se contiene, la mayoría de las ocasiones caemos sin poder evitarlo, y entramos en un desenfreno, fugaz pero decisivo; los amores son intensos, a cambio de no exigir larga duración; al calor de la excitación los hombres son atraídos por otros hombres y, con juramentos de amistad eterna, caen en escarceos, que los asustan y terminan en violencia. (La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Zona sagrada, Cambio de piel, La campaña, La Silla del Águila, Inquieta compañía, Todas las familias felices, El naranjo, La frontera de cristal, Carolina Grau, Aura, Terra Nostra, Constanza y otras novelas para vírgenes.)

El pasado se hace presente, y lo repetimos a cada instante; jugamos a ser Cortés y Moctezuma, el Quijote y Sancho, Hamlet y Ofelia, Lear y Macbeth; los sacrificios aztecas son parte de nuestro ritual en la vida cotidiana, y la Malinche se presenta bajo diferentes disfraces, somos Otelo que siente piedad por Desdémona. (Los días enmascarados, La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente, Cristóbal Nonato, Gringo Viejo, La voluntad y la fortuna, La campaña, Una familia lejana, Todas las familias felices, Adán en edén.)

El padre quiere perpetuarse, el presidente se siente tlatoani (emperador), la mujer desea someter, el hombre quiere treparse, el amigo desea la felicidad de los otros, los hijos necesitan rebelarse. (La región más transparente, Las buenas conciencias, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, Terra Nostra, Zona sagrada, La campaña, La voluntad y la fortuna, Carolina Grau, Adán en Edén, La frontera de cristal.)

Detrás de los espejos y de las paredes habitan los monstruos que se niegan a morir, que necesitan nuestra sangre, despiertan nuestros deseos, reaparecen como ídolos que se materializan, se disfrazan de santos; son nuestros deseos ocultos. (Los días enmascarados, La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Aura, Zona sagrada, Cambio de piel, Terra Nostra, Constanza y otras novelas para vírgenes, El naranjo, Instinto de Inez, Diana o la cazadora solitaria, Carolina Grau, Inquieta compañía, Todas las familias felices.)

Aun dentro de la cotidianidad, el amor aparece y nos renueva, nos hace revivir, y pervivir más allá de la muerte. (Cantar de ciegos, Aura, Una familia lejana, Constanza y otras novelas para vírgenes, Diana o la cazadora solitaria, El naranjo, Inquieta compañía, Todas las familias felices, Carolina Grau, Federico en su balcón.)

«La muerte es el gran mecenas, la muerte es el gran ángel de la escritura. Uno debe escribir, ya que no se seguirá con vida.»