Los peores días

Fernando González Davison

Su mejor muerte

En  la  madrugada,  con  el  sueño  interrumpido,  Rodrigo tiene  una  premonición  y  murmura  que  su  mejor  muerte sería  la  que  le  permitiera  probar  a  Marjorie  su  amor.  Por desavenencias con su esposa Alejandra, tiene varios días de dormir en la cama contigua a su escritorio. Aún perecea un poco pero se levanta al escuchar el movimiento de sus hijos en el corredor del apartamento. Se ducha en el baño de vi­sitas, se viste y se une a ellos para desayunar, bajo la mirada amable de la mucama y la indiferencia de su esposa. Listos para tomar el bus escolar, su padre los acompaña a la parada de la esquina, la misma en la que Marjorie besa a sus hijas antes de que aborden el bus. Ambos les dicen adiós y regre­san al edificio entre risas y bromas sin que nadie sospeche su intimidad,  según  creen,  salvo  algún  vecino  fisgón.  Entran al  vestíbulo  bajo  la  atenta  mirada  del  guardián  y  toman  el ascensor en el que se conocieron hace un año, en el cuarto piso, donde ahora se detiene. Ella lo besa en los labios antes de salir y él prosigue hacia el penthouse. Se  abren  las  puertas  de  su  apartamento  y  Alejandra  lo  confronta  con  su  mirada,  le  hace  saber  que  su  separación  es  inevitable  y  le  da  una  maleta  para  que  se  vaya  a  vivir  a  otra  parte,  con ropa  suficiente  para  una  semana.  Rodrigo baja la cabeza en silencio, pues esta reacción la esperaba en cualquier momento. Camina a su escritorio y toma algunos objetos personales; luego va a la habitación principal y agre­ga  dos  trajes  con  sus  perchas  cubiertas  por  un  plástico  de  la lavandería, frascos del botiquín del baño y sale con ellos y  la  maleta  sin  decir  una  palabra.  En  el  estacionamiento,  aborda su nuevo Mercedes Benz 350 sedán y lo conduce a la oficina, a donde llega en unos quince minutos. Lo deja en el aparcamiento y, sin subir, va a registrarse en el hotel Inter­continental, a una cuadra de distancia. En la recepción del hotel recuerda que hace diez años su primera esposa lo dejó por otro hombre, y ahora Alejandra lo abandona porque él le es infiel.

Sobre el autor

Fernando González Davison nació en ciudad de Guatemala en 1948. Estudió con los salesianos. Como universitario editó el periódico Lex de la Universidad Rafael Landívar, muy crítico del sistema. Tras graduarse de abogado, se especializó en sociología y estudios de desarrollo en las universidades de París y Ginebra. De retorno a Guatemala, impartió clases en varias universidades locales y fue profesor invitado en Tulane y Georgetown donde hizo acopio de documentación histórica que le permitió escribir dos novelas: Oscura transparencia, la caída de Árbenz y La montaña infinita, Rafael Carrera, caudillo de Guatemala. Obtuvo el Premio Nacional de Novela en 1987 con su primera obra, En los sueños no todo es reposo, y el Monteforte Toledo de Novela en el 2000, con el relato Matusalén el heterodoxo. Su obra poética, #Ráfaga# y #Tempacio#, se encuentra en el volumen intitulado Oscilación Sur. Fue embajador en varios países sudamericanos y en Japón. Es columnista en el Periódico de Guatemala.

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