Justicia mayor

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A finales de siglo XVIII, en las sierras de Tutotepec surgió una rebelión indígena. Tras siglos de opresión, obligados por el destino a la lucha, cientos de indígenas desafiaron el dominio de los conquistadores españoles, su religión y sus leyes, convencidos de que un nuevo orden estaba por venir. El resultado: la muerte y el cautiverio, pero también la adaptación, que mezcló la ironía y la fascinación.

Descripción

En 1757 Pedro José de Leoz es nombrado secretario de la cámara del secreto de la Santa Inquisición en la Nueva España. A partir de ese momento inicia una carrera política que lo lleva a ascender social y económicamente mediante una serie de corruptelas y acciones cuestionables que finalmente traen como consecuencia un juicio en su contra. El licenciado Miguel Antonio de Oro consagra sus esfuerzos a la exigencia de justicia para aquellos agraviados por Leoz y se convierte así no sólo en su adversario legal, sino también en el cronista que da cuenta de la trayectoria de dicho personaje, en el cual se reflejan las contradicciones de un régimen colonial que comienza a mostrar claros signos de decadencia.

Una novela de fracturas que no queda demasiado lejos de nuestro México de hoy.

[alaya_toggle status=»off» title=»Sello»]Literatura Random House[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»Fecha de publicación»]Marzo 1, 2015[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»Medidas»]150 x 230[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»Páginas»]344[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»ISBN»]9786073127585[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»EAN»]9786073127585[/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»Contenido»]

En la Nueva España de la segunda mitad del siglo xviii, el licenciado Miguel Antonio de Oro redacta unas memorias dedicadas principalmente a la figura del capitán Pedro José de Leoz, nombrado secretario de la cámara del secreto de la Santa Inquisición en 1757. A lo largo de dichas páginas, en las que apela constantemente a su mujer, María Gertrudis, el licenciado Oro da cuenta de su relación con Leoz desde el momento en que lo conoce, poco después de su nombramiento, hasta que encabeza una causa legal en su contra denunciando una serie de delitos e irregularidades en su desempeño como funcionario. Asimismo retrata el convulso contexto sociopolítico de aquella época y en un plano más íntimo refiere sus cuitas personales, marcadas sobre todo por el desgaste de su matrimonio con María Gertrudis, proporcional a su obsesión con la figura de Leoz. Estas anotaciones del licenciado Oro son encontradas en un arcón por su mujer, quien a su vez agrega diversas notas aclaratorias al final de cada capítulo, palabras dirigidas en su mayoría a su hija Mariana Josefa, quien no es sino una hija ficticia según lo establecen notas subsecuentes agregadas por José Mariano de Oro Reyes, primogénito de la pareja, quien es así el último “editor” del texto en esta suerte de juego de cajas chinas en torno al tópico literario del “manuscrito hallado”.

Así pues, las andanzas de Leoz comienzan con su nombramiento como secretario de la Santa Inquisición. En esa época se cruza más de una vez con el licenciado Oro en el Puente de los Curtidores y así éste se entera de sus intentos por relacionarse con Pedro Romero de Terreros, uno de los hombres más acaudalados de la época merced a sus éxitos en el campo de la minería. Tiempo después el licenciado Oro descubre que Leoz ha adquirido un negocio de pieles tras haber estafado a su legítimo dueño, con lo cual empieza a comprender que este personaje no repara en ningún tipo de dilema ético en su afán por escalar socialmente.

El siguiente escalón que sube Leoz en su carrera política, viendo así recompensada su mezquindad por parte del régimen colonial, tiene que ver con su nombramiento como alcalde de Tulancingo, con el cual se iniciará un mandato marcado por actos de corrupción y medidas represivas en contra de sectores de la población indígena que muestran su inconformidad por las vejaciones de las que son objeto.

En este sentido, la primera “rebelión” salvajemente sofocada por Leoz es una insurrección de orden religioso, pues un grupo de indígenas se declaran seguidores de un supuesto profeta cuya palabra los invita a rendir culto a una virgen morena que en cierta manera alude a lo que será el culto a la virgen de Guadalupe, en un acto de proclamación de independencia espiritual ante la religión impuesta por el régimen colonial. La justificación de Leoz para reprimir dicho movimiento se apega al anquilosado discurso del Santo Oficio, en defensa de la fe católica sin importar los crímenes que se hayan de cometer en su nombre: “Esa era la verdad, esa era la misión que se me había encomendado desde el cielo: salvar a estas almas descriadas aunque eso les costara, nos costara, su mismo pellejo, su cuerpo pecador, idólatra, simple, indigno. Para entonces las flores ya se habían marchitado no sé si por la duración de mi prédica o porque ellos las estrujaban con sus puños mojados de frío. Esa era la verdad, Cristo con su infinita clemencia, con su misericordia inescrutable, se sacrificaba por ellos, por todos, con su caridad omnipotente, para la resurrección de la carne y la vida perdurable”.

En cuanto al plano de los negocios, Leoz ve incrementado su patrimonio de manera importante tras asegurarse el control absoluto del abasto de carne en su región, incurriendo flagrantemente en prácticas de competencia desleal.

La siguiente mancha en la gestión de Leoz como alcalde se produce al reprimir a otro grupo de indígenas inconformados con el desempeño del cura de su parroquia en Tutotepec. Tras protestar por los malos manejos del eclesiástico, varios de estos indígenas son recluidos y torturados. Es entonces cuando entra en acción el licenciado Oro, quien en representación de varios de los agraviados inicia una causa legal contra Leoz denunciando sus excesos. Así se inicia un juicio de residencia contra Leoz, el cual se divide en dos partes; la reservada, que se hace de oficio para sacar las cuentas del gobernante saliente, y la pública, en la que el público puede exponer sus quejas y demandas contra el gobernante enjuiciado.

Por otro lado, se le requiere a Leoz el pago de una deuda para cumplir así con la orden del juez de testamentos, capellanías y obras piadosas, pero al declararse insolvente lo embargan y lo ponen preso en la cárcel eclesiástica. “Una vez dentro, Leoz alega que no puede pagar porque además de su insolvencia tiene pendientes en la Real Audiencia por su juicio de residencia. No se gana nada, alega, manteniéndolo en la cárcel, porque ésta sólo sirve para quien puede huir o tiene intenciones de hacerlo. Como éste no es su caso, suplica por su honor y circunstancia, ‘se le relaje la carcelería’”.

Finalmente, a pesar de los incansables esfuerzos y argumentos del licenciado Oro, el resultado del juicio contra Leoz es una sentencia bastante piadosa que lo declara “hábil y expedito para obtener empleo en administración de justicia en cualquier parte y lugar donde se le confiera”. Tal resolución indigna sobremanera al licenciado Oro, quien asienta en sus memorias: “Si lo absolvieron por pura compasión pues no es más que un carcamal miserable es asunto que no me incumbe. Lo que sí me importa, y mucho, es que la sentencia no dice nada sobre la cárcel de indios e indias de Tutotepec, mis representados. Nada de perdonarlos ni dejarlos libres, aunque algunos, me consta casi en propia carne, estén más estropeados de cuerpo y alma que Leoz y yo…”, y es que, tras haberse entregado en cuerpo y alma al caso contra Leoz, el licenciado Oro ha visto cómo su matrimonio ha terminado por naufragar de manera definitiva luego de un desgastante periodo de desencuentros con su mujer, a la que añora en medio de una crisis personal marcada por la soledad y el desencanto como ingratas consecuencias de su estéril búsqueda de justicia.[/alaya_toggle]

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  • Agustín Ramos es un autor ya de renombre y con una trayectoria importante en el mundo de las letras.
  • El tratamiento del lenguaje en la novela -estilo barroco- consigue recrear de manera efectiva el ambiente cultural del periodo colonial.
  • La novela abre la posibilidad de que el gran público conozca por dentro lo que era la Inquisición virreinal, un tema que sabemos atrae a gran número de lectores.[/alaya_toggle]
[alaya_toggle status=»off» title=»Público»]
  • Lectores de novela histórica.
  • Lectores de Agustín Ramos.
  • Historiadores, arqueólogos y otros profesionales que tengan relación con el estudio de la historia.
  • Público en general, principalmente estudiantes y personas que desean conocer más sobre el virreinato. [/alaya_toggle]
[alaya_toggle status=»open» title=»¿Existe en ebook?»][/alaya_toggle] [alaya_toggle status=»off» title=»En los medios»]

Nota 1 El Universal

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